sábado, 4 de junio de 2011

El VANGUARDISMO

Europa vivía, al momento de surgir las vanguardias artísticas, una profunda crisis, que desencadenó en la Primera Guerra Mundial y entonces, en la evidencia de los límites del sistema capitalista.
Si bien "hasta 1914 los socialistas son los únicos que hablan del hundimiento del capitalismo", como señala Arnold Hauser, también otros sectores habían percibido desde antes los límites de un modelo de vida que privilegiaba el dinero, la producción y los valores de cambio frente al hombre.
El resultado de esto fue la chatura intelectual, la pobreza y el encasillamiento artístico contra los que reaccionaron, ya en 1905, Picasso y Braque con sus exposiciones cubistas, y el futurismo que, en 1909, deslumbrado por los avances de la modernidad científica y tecnológica, lanza su primer manifiesto de apuesta al futuro y rechazo a todo lo anterior. Conocida es la frase de Marinetti: Un automóvil de carrera es más hermoso que “La victoria de Samotracia".
Así se dan los primeros pasos de la vanguardia, aunque el momento de explosión definitiva coincide con la Primera Gran Guerra y con la promesa de una vida diferente alentada por el triunfo de la revolución socialista en Rusia.
El poeta vanguardista es inconforme, ya que el pasado no le sirve, tiene que buscar un arte que responda a esta novedad interna que el hombre esta viviendo, apoyándose en la novedad original que se lleva dentro.
·          Se deben abandonar los temas nuevos, ya que carecen de sustancia y no responden al hombre nuevo.
·       En la poesía se juega constantemente con el símbolo.
·       Los poetas reaccionan contra las reglas tradicionales de la versificación, necesitan una mayor libertad para expresar adecuadamente su mundo interior.
·    Reacciona contra el modernismo y los imitadores de los maestros de esta corriente, existe una conciencia social que los lleva a tomar posiciones frente al hombre y su destino.
Dentro de la corriente vanguardista los ismos surgieron contra una corriente envejecida y propusieron innovaciones radicales de contenido, lenguaje y actitud vital. Entre ellos se encuentran:

Expresionismo:
Nació en Alemania en contra del naturalismo y fue encabezado por Georg Tialk en 1920. Entre sus principios se señalan: la reconstrucción de la realidad, la relación de la expresión literaria con las artes plásticas y la música y la expresión de la angustia del mundo y de la vida a través de novelas y dramas donde se habla de las limitantes sociales impuestas a la libertad del hombre.



Cubismo:

Nació en Francia y fue encabezado por Guilaume de Apollinari. Sus principales rasgos consisten en: la asociación de elementos imposibles de concretar, desdoblamiento del autor, disposición gráfica de las palabras, sustitución de lo sentimental con el humor y la alegría y el retrato de la realidad a través de varios enfoques.



Futurismo:

Surge en Milán, Italia por parte de Filipo Tommaso Marinetti. Este movimiento rompía con la sintaxis, el ritmo y los signos convencionales de la puntuación. Consideraba como elementos principales de la poesía, el valor, la audacia y la revolución, ya que se pregonaba el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso gimnástico, el salto peligroso y la bofetada. Tenía como postulados: la exaltación de lo sensual, lo nacional y guerrero, la adoración de la maquínale retrato de la realidad en movimiento, lo objetivo de lo literario y la disposición especial de lo escrito, con el fin de darle una expresión plástica.

Dadaísmo:

Apareció en Zurich, Suiza entre 1916 y 1922 con Tristán Izarra como su fundador. Fue una oposición al pasado violento de la guerra mundial. El poema dadaísta suele ser una sucesión de palabras y sonidos, lo que hace difícil encontrarle lógica. Se distingue por: la inclinación hacia lo dudoso, terrorismo, muerte y nihilismo, lo fantasioso, busca renovar la expresión mediante el empleo de materiales inusuales o manejando planos de pensamientos antes no mezclables y tiene una tónica general de rebeldía o destrucción.


Ultraísmo:

Apareció en España entre 1919 y 1922 en reacción al modernismo. Fue uno de los movimientos que más se proyecto en Hispanoamérica contribuyendo al uso del verso libre, la prescripción de la anécdota y el desarrollo de la metáfora, que se convierte en el principal centro expresivo. Influenciado por poetas como Vicente Huidobro y Guillaume Apollinari.



Creacionismo:
Surgió en 1917 y fue patrocinado por el poeta chileno Vicente Huidobro, quien concibe al poeta como un pequeño Dios para crear con la palabra. Según él, el poeta no deber de ser un hombre.


Surrealismo:
Surgió en Francia con André Bretón, quien siguiendo a Freud se interesó por descubrir los mecanismos del inconsciente y sobrepasar lo real por medio de lo imaginario y lo irracional. Se caracteriza por: pretender crear un hombre nuevo, recurrir a la crueldad y el humor negro con el fin de destruir todo matiz sentimentaloide y a pesar de ser constructivo, los aspectos de la conducta moral humana y las manifestaciones no son de su interés.

Estridentismo:

Surgió en México y nace de la mezcla de varios ismos, como aportación nacidos a la vanguardia europea. Se dio entre 1922 y 1927 y se caracterizó por la modernidad el cosmopolismo y lo urbano, así como por el inconformismo, el humor negro, el esnobismo, lo irreverente y el rechazo a todo el pasado. Su representante fue Manuel Maples Arce.



Impresionismo:
Reacciona contra los excesos del realismo, concentrando su interés en el proceso mental desarrollado en el interior de un personaje cuando se enfrenta a alguna situación. Se caracteriza por: trasladar a la obra la verdadera existencia radicada en los procesos mentales, la intuición y la desvinculación de un personaje, así como el manejo de personajes cuya es denominada por las asociaciones psicológicas.

Cosmopolitismo:
Surge en 1940 con la finalidad de mostrar la problemática urbana, varía ya que el paisaje cambia según la geografía y economía de cada ciudad. Es filosófico, moral y psicológico pues trabaja con la incertidumbre y tensión de los habitantes de las grandes metrópolis. Su máximo representante fue Borges.



Neorrealismo:

Se relaciona con el existencialismo, exagera el problema de la angustia, ya que transforma el escritor de males irreversibles pareciendo no tener solución.




Existencialismo:

Corriente filosófica según la cual lo principal de la realidad es la existencia humana.






Experimentalismo:

Se apoyó en el método científico para explicar el comportamiento de los personajes dentro de un relato.

MODERNISMO

El siglo XX

Situación de España.

Situación social y política
Situación cultural y artística
- A finales del siglo XIX se van consolidando las democracias en Europa.
- La revolución industrial provoca un éxodo de la población rural hacia las ciudades. Las clases obreras se concentran alrededor de las fábricas. Las ciudades tuvieron que afrontar problemas diversos:
  • Dificultades para cubrir las necesidades básicas de la población: alimentos, agua potable, luz, servicios sanitarios...
  • Problemas de vivienda. Las casas se amontonan en los suburbios y carecen de condiciones higiénicas.
- El siglo XX hereda varios problemas políticos del anterior:
  • Se consolida el socialismo que defiende a los obreros frente a la burguesía conservadora.
  • En Europa surgen tensiones nuevas: el triunfo del comunismo en Rusia y la Primera Guerra Mundial.
  • En España se sufren conflictos militares con Marruecos y con las colonias de América.
- La ciencia y la técnica se desarrollan asombrosamente:
  • En 1900 se crea el Ministerio de Instrucción Pública, que da subvenciones oficiales a la enseñanza primaria. Hasta el momento ésta se impartía en centros creados por el Ayuntamiento o instituciones religiosas.
  • A finales del siglo XIX, Giner de los Ríos funda la Institución Libre de Enseñanza, que tuvo un gran prestigio entre los intelectuales.
  • La Biología y la Medicina avanzan mucho gracias a la labor investigadora de Santiago Ramón y Cajal, cuyos éxitos la valieron el Premio Nobel de Medicina en 1906.
  • En el campo de la técnica sobresale Narciso Monturiol con sus estudios sobre navegación submarina, perfeccionados más tarde por Isaac Peral, que creó el submarino.
En arte aparecen continuos movimientos estéticos, conocidos con el nombre de -ismos (dadaísmo, cubismo, surrealismo...), que tienen algunas características comunes:
  • Combaten todo aquello que se tomaba como verdad indudable en el terreno artístico.
  • Adoptan una actitud de rechazo ante el pasado y realizan enormes esfuerzos para buscar caminos nuevos en el arte.

Los orígenes de este movimiento literario hay que buscarlos en los poetas hispanoamericanos, al publicar el poeta nicaragüense Rubén Darío, en 1888, un libro de poesía titulado Azul.
En este libro se observa una notable influencia de la literatura francesa, sobre todo del Parnasianismo y el Simbolismo.
  • El Parnasianismo, con su afición por la mitología greco-latina, nórdica y oriental, y el gusto por lo plástico, despierta el gusto de lo puramente estético y decorativo.
  • El Simbolismo pretende descubrir la realidad escondida de las cosas (los símbolos) y la correspondencia que existe entre éstos y nuestras sensaciones (color, sonido, música...).
Podemos definir el Modernismo como un movimiento artístico que reacciona contra el Realismo acusándolo de prosaico y ramplón que busca ante todo la belleza por sí misma, los exótico, los exquisito y el Arte como única finalidad.
La renovación estética
El espíritu de protesta que caracteriza a los modernistas se traduce en un afán de buscar nuevas formas estéticas.
  • Los modernistas no sienten preferencia por los temas burgueses y cotidianos de los realistas; sino que prefieren los aristocráticos: palacios elegantes, jardines exóticos, princesas distinguidas. Todo está rodeado de esplendor: fuentes y estanques sobre los que se reflejan elegantes cisnes y jardines cargados de árboles y plantas.
El olímpico cisne de nieve
con el ágata rosa del pico
lustra el ala eucarística y breve
que abre al sol como un casto abanico.
Rubén Darío
  • Los modernistas vibran ante los sentimientos patrióticos y esperan que su país resurja con gloria.
  • Evocan el pasado histórico de su país, con sus leyendas medievales, sus héroes, reyes y personajes famosos.
  • Prefieren la intimidad del poeta, manifestando los sentimientos más profundos de melancolía, tristeza y nostalgia.
La métrica y la lengua se renuevan notablemente para lograr la sensación de que todo es exquisito, refinado y selecto.
  • Se reutilizan los versos y estrofas de otras épocas, como el alejandrino del Mester de Clerecía, o se recuperan otros que ya no se empleaban, como el decasílabo y dodecasílabo.


  • El ritmo será una de las mayores innovaciones que los modernistas apliquen a sus versos. Gracias a ello consiguen importantes efectos musicales y sonoros. Los acentos rítmicos logran reflejar sus sentimientos
  • Utilizan un lenguaje cargado de palabras cultas (como olímpico, áureo, ágata...), de metáforas y diversos recursos estilísticos.
Los claros clarines de pronto levantan sus sones,
su canto sonoro,
su cálido coro,
que envuelve en un trueno de oro
la augusta soberbia de los pabellones.
Rubén Darío (Marcha Triunfal)

Escritores modernistas

Rubén Darío





Se llamaba Félix Rubén García Sarmiento. Nació en Nicaragua en 1867 y murió en el mismo país en 1916. Al principio se dedicó al periodismo y visitó diversos países de América y Europa; en España fue diplomático. Más tarde se dedicó a sus dos pasiones predilectas: vivir y escribir poesía. Pasó por etapas de bienestar y de miseria. Una vida tan intensa y desordenada minó sus salud y murió a los 49 años.
Francia y España fueron los países que más influyeron en su poesía que se caracteriza por el culto a la belleza pura, el arte por el arte. El color, el sonido, la palabra constituyen belleza. No interesa el contenido del poema sino su capacidad de sugerir emociones estéticas.
A los 21 años publicó su libro de poemas Azul con el que obtuvo un gran éxito. Con posterioridad publicó Cantos de vida y esperanza, un conjunto de poemas cargados de colorido y musicalidad en los que exalta la Hispanidad. Otra obra importante fue Prosas profanas.
Sonatina (Rubén Darío)
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
-la princesa está pálida, la princesa está triste,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
-"Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor".

Juan Ramón Jiménez



Nació en Moguer (Huelva) en 1881. Tras la Guerra Civil se fue a Puerto Rico donde murió en 1958. En Madrid conoció a Rubén Darío y se sintió atraído profundamente por el Modernismo. Consagró su vida a la poesía y por ello recibió el Premio Nobel de Literatura en 1956.
En su poesía no le interesa la realidad en sí misma, sino sólo la impresión que produce; busca la emoción lírica, y el ansia de belleza. Su preocupación fundamental es de tipo estético.
Sus inicios poéticos fueron modernistas y fuertemente influidos por el romanticismo de Bécquer. Es una poesía melancólica que refleja su delicado espíritu interior. A esta etapa intimista pertenece su famosísima obra Platero y yo, libro escrito en prosa poética en el que nos describe con mucha ternura la amistad del poeta con un borriquillo.
Escribió también varios libros de poemas como Diario de un poeta recién casado, Piedra y Cielo, Animal de fondo...
Platero y yo (Juan Ramón Jiménez)
Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes, gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
-Tien'asero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.



EL REALISMO Y EL NATURALISMO

La segunda mitad del siglo XIX

Es importante conocer la situación histórica y cultural de España en la segunda mitad del siglo XIX.
Situación de España.
Situación histórica
Situación socio-cultural
- La burguesía, formada por grandes empresarios y terratenientes, es la clase dominante del país. Se instalan en el poder y se vuelven conservadores y moderados.
- Los progresistas, integrados por pequeños empresarios, artesanos y militares de baja graduación, se enfrentan al conservadurismo y a los privilegios de los ricos.
- El proletariado, clase a la que pertenecen los obreros y campesinos, intenta defender sus intereses; socialismo y anarquismo se enfrentan al sistema político dominante. La caída de Isabel II en 1868 abre el camino hacia un gobierno republicano.
- El positivismo, corriente filosófica que surge tras los avances técnicos y científicos, propone la observación rigurosa y la experimentación como únicos métodos para llegar al conocimiento de la realidad. Se desechan las corrientes románticas en las que predominaba el sentimiento y la imaginación. Surge el realismo literario que pretende reflejar la realidad tal y como es.
- El evolucionismo es un nuevo método experimental sobre las leyes de la herencia y la evolución de las especies. Este método pretende explicar el comportamiento del hombre. Los escritores naturalistas reflejan estas corrientes en sus obras.
Situación literaria
Los cambios sociales y las nuevas corrientes ideológicas que surgen en esta segunda mitad del siglo
XIX influyen en la producción literaria. La fantasía y la subjetividad del Romanticismo, así como la expresión libre de sus sentimientos más íntimos son sustituidos por todo aquello que rodea al hombre. El Realismo y el Naturalismo sustituyen al Romanticismo.

El Realismo
Este movimiento literario aparece en la segunda mitad del siglo XIX, como consecuencia de las circunstancias sociales de la época: la consolidación de la burguesía como clase dominante, la industrialización, el crecimiento urbano y la aparición del proletariado.
Las características básicas del Realismo literario son:
  • Eliminación de todo aspecto subjetivo, hechos fantásticos o sentimientos que se alejen de lo real.
  • Análisis riguroso de la realidad. El escritor nos ofrece un retrato riguroso de lo que observa.
  • Los problemas de la existencia humana, componen el tema fundamental de la novela realista; ésa es la consecuencia del sumo interés por la descripción del carácter, temperamento y conducta de los personajes.
  • Surge un tipo de novela en la que se analizan minuciosamente las motivaciones de los personajes y las costumbres.
  • El novelista denuncia los defectos y males que afectan a la sociedad y ofrece al lector soluciones para detenerlos. Cada autor, según sus ideas, muestra lo que para él es un mal de la sociedad.

El Naturalismo
El Naturalismo surge como una derivación del Realismo, que tenía como objetivo explicar los comportamientos del ser humano. El novelista del Naturalismo pretende interpretar la vida mediante la descripción del entorno social y descubrir las leyes que rigen la conducta humana.
Los escritores naturalistas representan a sus personajes en situaciones extremas de pobreza y marginación, y les gustaba describir los ambientes más bajos y sórdidos con el fin de poner al descubierto las lacras de la sociedad. La descripción de estos ambientes interesaba en la medida que permitía observar cómo influye un medio hostil sobre la forma de ser de los personajes y cuáles son la reacciones del ser humano en condiciones de vida adversas.
Novelistas del Realismo y el Naturalismo
En esta época, la novela es el género literario preferido. Novelistas importantísimos reflejan los profundos cambios sociales en sus obras. No diferenciaremos autores del Realismo y del Naturalismo ya que todos participaron en ambas corrientes por simple evolución.

Juan Valera



Nació en Cabra (Córdoba) en 1824, hijo de una familia noble. Estudió Derecho e ingresó en el cuerpo diplomático, desempeñando diferentes misiones en varios países europeos y americanos. Fue miembro de la Real Academia Española. Comenzó a escribir cuando ya tenía cincuenta años. Murió en Madrid en 1905.
Fue un hombre culto y refinado, de espíritu equilibrado y libre. Su inteligencia y fino sentido estético se manifiestan en su labor como crítico y en su estilo correcto, fluido y elegante; aunque, a veces, adolece de vigor y calor humano.
Su primera obra fue Pepita Jiménez en la que un joven seminarista conoce a una mujer con la que su padre, que es viudo, piensa casarse. El joven va enamorándose poco a poco de ella y, tras largas luchas interiores entre su vocación religiosa y su amor, triunfa el último.
También escribió El Comendador Mendoza, Doña Luz, y una de sus mejores novelas, Juanita la Larga, cuando tenía setenta años.
Juanita la Larga (Juan Valera)
Como de costumbre, jugaba al tute con la madre; como de costumbre, hablaba con Juanita en conversación general, y Juanita hablaba igualmente y le oía muy atenta manifestándose finísima amiga suya y hasta su admiradora; pero, como de costumbre también, las miradas ardientes y los mal reprimidos suspiros de don Paco pasaban sin ser notados y eran machacar en hierro frío, o hacían un efecto muy contrario al que don Paco deseaba poniendo a Juanita seria y de mal humor, turbando su franca alegría y refrenando sus expansiones amistosas.
De esta suerte, poco venturosa y triunfante para don Paco, se pasaron algunos días y llegaron los últimos del mes de julio.
Hacía un calor insufrible. Durante el día los pajaritos se asaban en el aire cuando no hallaban sombra en que guarecerse. Durante la noche refrescaba bastante. En el claro y sereno cielo resplandecían la luna y multitud de estrellas, que, en vez de envolverlo en un manto negro, lo teñían de azul con luminosos rasgos de plata y refulgentes bordados de oro.
Ambas Juanas no recibían a don Paco en la sala, sino en el patio, donde se gozaba de mucha frescura y olía a los dompedros, que daban su más rico olor por la noche, a la albahaca y a la hierba Luisa, que había en no pocos arriates y macetas, y a los jazmines y a las rosas de enredadera, que en Andalucía llaman de pitiminí, y que trepaban por las rejas de las ventanas, en los cuartos del primer piso, donde dormían Juanita y su madre.
En aquel sitio, tan encantador como modesto, era recibido don Paco. Todavía allí, a la luz de un bruñido velón de Lucena, de refulgente azófar, se jugaba al tute en una mesilla portátil, pero no con la persistencia que bajo techado. Otras distracciones, casi siempre gastronómicas, suplían la falta de juego. Juana, que era tan industriosa, solía hacer helado en una pequeña cantimplora que tenía; pero con más frecuencia se entretenían comiendo ora piñones, ora almendras y garbanzos tostados, ora flores de maíz, que Juanita tenía la habilidad de hacer saltar muy bien en la sartén, y ora altramuces y, a veces, hasta palmitos cuando los arrieros los traían de la provincia de Málaga, porque en la de Córdoba no se crían.

Benito Pérez Galdós



Nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1843. Se fue muy joven a Madrid donde estudió Derecho. En la capital pasó la mayor parte de su vida dedicándose fundamentalmente a escribir. Murió en Madrid en 1920. Galdós fue un hombre sin prejuicios, abierto a toda idea de progreso y, al mismo tiempo, amaba intensamente a su patria. Vivió de forma tan comprometida con su época que escribió sus obras con la intención de encontrar la raíz de los problemas y explicarlo todo a los demás. Galdós fue un extraordinario narrador, aunque también escribió numerosas obras teatrales.
La producción literaria de Galdóa es enorme. Sólo su narrativa consta de más de setenta volúmenes, clasificados por él mismo en: Episodios Nacionales, Novelas de la primera época y Novelas contemporáneas.
  • Episodios Nacionales. En estas obras, Galdós pretende ofrecer una visión, en forma novelada, de la historia de España del siglo XIX. Consta de cinco series de diez tomos cada una, salvo la última que quedó interrumpida. Los episodios históricos mejor logrados fueron: Trafalgar, El dos de Mayo, Gerona, Zaragoza.
  • Novelas de la primera época. Todas ellas tienen características comunes: tratan problemas políticos y religiosos, profundizan en el estudio psicológico de los personajes y sobre la contradicción entre lo tradicional y lo liberal. Doña Perfecta, La Fontana de Oro, Gloria...
  • Novelas contemporáneas. La mayoría de estas novelas tienen como eje central de su temática la ciudad de Madrid, sus gentes, sus calles y sus barrios. Fortunata y Jacinta, La desheredada, Miau, Tristana, Misericordia...
Trafalgar (Benito Pérez Galdós)
Entre los soldados vi algunos que sentían el malestar del mareo, y se agarraban a los obenques para no caer. Verdad es que había gente muy decidida, especialmente en la clase de voluntarios; pero por lo común todos eran de leva, obedecían las órdenes como de mala gana, y estoy seguro de que no tenían el más leve sentimiento de patriotismo. No les hizo dignos del combate más que el combate mismo, como advertí después. A pesar del distinto temple moral de aquellos hombres, creo que en los solemnes momentos que precedieron al primer cañonazo la idea de Dios estaba en todas las cabezas.
Por lo que a mí toca, en toda la vida ha experimentado mi alma sensaciones iguales a las de aquel momento. A pesar de mis pocos años, me hallaba en disposición de comprender la gravedad del suceso, y por primera vez, después que existía, altas concepciones, elevadas imágenes y generosos pensamientos ocuparon mi mente. La persuasión de la victoria estaba tan arraigada en mi ánimo, que me inspiraban cierta lástima los ingleses, y los admiraba al verlos buscar con tanto afán una muerte segura.
Por primera vez entonces percibí con completa claridad la idea de la patria, y mi corazón respondió a ella con espontáneos sentimientos, nuevos hasta aquel momento en mi alma. Hasta entonces la patria se me representaba en las personas que gobernaban la nación, tales como el rey y su célebre ministro, a quienes no consideraba con igual respeto. Como yo no sabía más historia que la que aprendía en la Caleta, para mí era de ley que debía uno entusiasmarse al oír que los españoles habían matado muchos moros primero, y gran pacotilla de ingleses y franceses después. Me representaba, pues, a mi país como muy valiente; pero el valor que yo concebía era tan parecido a la barbarie como un huevo a otro huevo. Con tales pensamientos, el patriotismo no era para mí más que el orgullo de pertenecer a aquella casta de matadores de moros.

Leopoldo Alas "Clarín"



Nació en Zamora en 1852, de familia asturiana. Estudió Leyes en Oviedo y se doctoró en Madrid. Fue catedrático de las facultades de Derecho de Zaragoza y Oviedo. Fue un hombre culto, de sólida formación universitaria y aguda capacidad crítica que hizo que fuese temido y respetado.
Escribió una novela muy extensa que está considerada como una de las obras fundamentales del Realismo español: La Regenta, en la que Clarín hace un análisis minucioso y detallado del ambiente hipócrita y corrompido de Vetusta, ciudad donde se desarrolla la acción y que puede ser Oviedo. Satiriza a sus personajes que, bajo apariencias honradas, esconden la hipocresía y la maldad.
Clarín también destacó como uno de los mejores escritores de cuentos de su época, en los que analiza el comportamiento de personas malvadas y llenas de hipocresía. Entre ellos destaca ¡Adiós, cordera! En este cuento se nos narran las peripecias de tres amigos felices e inseparables: Rosa, Pinín y Cordera. Dos hermanos gemelos y su vaca Cordera que son felices en las montañas asturianas alejados de los peligros del mundo. Sólo un palo del telégrafo y un tren que pasa de vez en cuando son indicios de ese mundo. Pero un día ese mundo se llevará primero a la Cordera y luego a Pinín. Rosa se quedará sola con su dolor y sus recuerdos.
¡Adiós, Cordera! (Leopoldo Alas "Clarín")
Desde aquel día en que adivinaron el peligro, Pinín y Rosa no sosegaron. A media semana se personó el mayordomo en el corral de Antón. Era otro aldeano de la misma parroquia, de malas pulgas, cruel con los caseros atrasados. Antón, que no admitía reprimendas, se puso lívido ante las amenazas del desahucio.
El amo no esperaba más. Bueno, vendería la vaca a vil precio, por una merienda. Había que pagar o quedarse en la calle.
El sábado inmediato acompañó al Humedal Pinín a su padre. El niño miraba con horror a los contratistas de carne, que eran los tiranos del mercado. La Cordera fue comprada en su justo precio por un rematante de Castilla. Se le hizo una señal en la piel y volvió a su establo de Puao, ya vendida, ajena, tañendo tristemente la esquila. Detrás caminaba Antón de Chinta, taciturno, y Pinín, con ojos como puños. Rosa, al saber la venta, se abrazó al testuz de la Cordera, que inclinaba la cabeza a las caricias como al yugo. (...)
El viernes, al oscurecer, fue la despedida. Vino un encargado del rematante de Castilla por la res. Pagó; bebieron un trago Antón y el comisionado, y se sacó a la quintana la Cordera. Antón había apurado la botella estaba exaltado; el peso del dinero en el bolsillo le animaba también. Quería aturdirse. Hablaba mucho, alababa las excelencias de la vaca. El otro sonreía, porque las alabanzas de Antón eran impertinentes. ¿Que daba la res tanto y tantos xarros de leche? ¿Que era noble en el yugo, fuerte con la carga? ¿Y qué, si dentro de pocos días había de estar reducida a chuletas y otros bocados suculentos? Antón no quería imaginar esto; se la figuraba viva, trabajando, sirviendo a otro labrador, olvidada de él y de sus hijos, pero viva, feliz... Pinín y Rosa, sentados sobre el montón de cucho, recuerdo para ellos sentimental de laCordera y de los propios afanes, unidos por las manos, miraban al enemigo con ojos de espanto. En el supremo instante se arrojaron sobre su amiga; besos, abrazos: hubo de todo. No podían separarse de ella. Antón, agotada de pronto la excitación del vino, cayó como en un marasmo; cruzó los brazos, y entró en el corral oscuro.
Los hijos siguieron un buen trecho por la calleja, de altos setos, el triste grupo del indiferente comisionado y la Cordera, que iba de mala gana con un desconocido y a tales horas. Por fin hubo que separarse. Antón malhumorado, clamaba desde casa:
-¡Bah, bah, neños, acá vos digo; basta de pamemes! -así gritaba de lejos el padre, con voz de lágrimas.
Caía la noche; por la calleja oscura, que hacían casi negra los altos setos, formando casi bóveda, se perdió el bulto de la Cordera, que parecía negra de lejos. Después no quedaba de ella más que el tintánpausado de la esquila, desvanecido con la distancia, entre los chirridos melancólicos de cigarras infinitas.
¡Adíós, Cordera! -gritaba Rosa deshecha en llanto-. ¡Adiós, Cordera de mío alma!
-¡Adiós, Cordera! -repetía Pinín, no más sereno.
-Adiós -contestó por último, a su modo, la esquila perdiéndose su lamento triste, resignado, entre los demás sonidos de la noche de julio en la aldea...